Pocos son entre los nuevos cinéfilos quienes recuerdan
la mítica figura de Tyrone Power Sr (1869-1931), uno de los grandes actores del
cine mudo cuyo trabajo se destacó, principalmente, por los papeles de malvado;
sin embargo, esto no fue siempre así.
De manos de la directora Lois Weber nos ha llegado una
de las mayores películas dignas de pasar a la posteridad y de ser vista una vez
más debido a la inquietante actualidad de su guión. Bajo el título «¿Dónde
están mis hijos?», se nos presenta una historia dura, dramática y exacta que
nos muestra la vida de Richard Walton, un honesto fiscal norteamericano cuyo
mayor sueño es el de ser padre junto a su esposa, una mujer que, a diferencia
de él, resulta frívola y gran entusiasta de las fiestas y el chismorreo; sin
embargo, la vida de Richard pronto da un giro inesperado al llevar a juicio a
un famoso abortista de la clase alta que ha causado la muerte de una joven
embaraza del sobrino del propio protagonista, un joven descreído y aprovechado.
Cuando los libros de cuentas del acusado se ponen sobre la mesa del juicio,
todo se enturbiará para Richard, que reconocerá el nombre de alguien muy
querido escrito varias veces en aquella tétrica lista.
Con las magistrales actuaciones de Tyrone Power Sr. y
Helen Riaume en el papel de la Señora Walton, «¿Dónde están mis hijos?» se
convierte en una auténtica joya del cine mudo, cuyas escenas se suceden de
forma maravillosa, fluyendo perfectamente con un guión sencillo y profundo,
lleno de matices y cargado de gran solemnidad. La intensidad que destilan los
elementos de esta historia, los gestos de sus protagonistas, las situaciones
que enmarcan la trama, e incluso el uso de la luz en un blanco y negro suave
que, sin embargo, es saturado violentamente de azul en representación de la
muerte de la joven embarazada, consiguen en conjunto crear un clima de
serenidad y atención que sale naturalmente del espectador.
Rodada en 1916, momento en el que la obsesión por el
control de la natalidad y los terrores maltusianos se encontraban en pleno
auge, esta historia se convierte en un fuerte alegato contra el egoísmo humano
y la ingerencia en la vida de los inocentes. Por medio de un matrimonio
acomodado, aparentemente estéril, se nos muestra el horror que pueden generar
la desconfianza, el egoísmo y la deshumanización de la moda ideológica y que,
finalmente, conducirán a sus principales actores a la soledad y al abandono por
esa misma sociedad que los convenció a vivir según la moral de un mundo
inestable.
Una película que, sin decir una palabra, lo dirá todo
y será incapaz de dejar indiferente a nadie. La recomiendo con todas mis
fuerzas.
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